Estamos hechos de música

Deportes ilustrados diario. #6. 3 de abril de 2017

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Mi padre compraba casetes de música en las gasolineras. En los 70 y en los 80, las gasolineras eran los puntos wifi gratuitos de la época. Toda la información del mundo en un recinto al lado de la carretera. Gasolina súper o diesel. No había sin plomo. Cañas de cerveza, bocadillos de lomo con queso, revistas pornográficas, chicles y aceite Wynn’s para que nuestro Renault 12 familiar rindiera al máximo. En el año 1981 Rocío Jurado lanzaba el disco ‘Como una ola’. A mi madre le gustaba. A mi padre y a mí no. En absoluto. Un día en los que la Jurado entonaba eso de ‘Como una ola tu amor llegó a mi vida, como una ola de fuego y de caricias’ mi padre bajó la ventanilla del coche, sacó el casete y lo lanzó en algún punto kilométrico de la N-403 a la altura de Mingorría, provincia de Ávila. ¡A tomar por culo la Jurado y la ola de los cojones! Mi padre era todo un poeta cuando se ponía intenso. Todavía recuerdo la cara de mi madre y mi sonrisa reflejada en el retrovisor…

El verano de 1986, Paul Simon apareció en un estante giratorio de una gasolinera Cepsa. Graceland. El puto Graceland. Uno de los álbumes más grandes de la historia de la música. ‘Diamonds on the soles of her shoes’, me convirtió de repente en un intelectual musical con 11 años. Mi padre cantaba el estribillo de Graceland; ‘y couldina veri guo…’. Años más tarde comprendí que lo que quería decir era ‘If you’ll be my bodyguard‘. Lost in translation…

En las navidades de 1987 llegaron dos casetes tras petición a los Reyes Magos. ‘Estamos locos… O que?’ de los Hombres G, al lado de mis zapatos. BAD de Michael Jackson, en los zapatos de mi prima de 10 años. Yo tenía 12. En esa época en mi casa no había árbol. Solo había un belén y los zapatos lustrosos de toda la familia enfilados uno tras otro. Allí se dejaban los regalos. Allí se dejaba la leche y las galletas María que mis padres se comían a las 4 de la mañana. Ni los camellos, ni Baltasar. Mis padres.

Gusto musical aparte de los ‘Reyes de Oriente’, la suerte estaba de mi lado al vivir mi prima en el sexto y yo en el primero. El BAD fue uno de los álbumes que cambió mi vida musical. Las canciones del disco de los Hombres G me las aprendí al dedillo. Ni tenía tantos casetes ni tenía tanto criterio…

Ese mismo año, 1987, el Faith de George Michael recolocó mi sentido musical tocado unos meses antes. Los ritmos del inicio de Hand to Mouth, o el piano y la calidez de Kissing a fool, me regalaron algunos de los mejores momentos musicales de mi vida. Todavía tengo la grabación en casa. Una cinta TDK grabada de un vinilo.

En la cena de la nochebuena de las navidades de 1988, coloqué debajo de la servilleta de mi hermano un casete del álbum Fisiognomica de Franco Battiato. ‘Este siglo ya se está acabando, saturado de parásitos sin dignidad…’ Era la versión en castellano y todavía recuerdo casi todas las letras. Ni siquiera se como lo pagué, ni donde lo compré. Se que a mi hermano le encantó. A mi también verlo tan contento.

En las navidades de 1989, mi hermano y yo fuimos a El Corte Inglés de Valladolid a comprar nuestro primer CD. ‘Like a Prayer‘ de Madonna. No recuerdo lo que costó, pero si recuerdo la emoción de pasar de los ‘cachitos de hierro y cromo’ del casete como cantaba Kiko Veneno, al plástico del futuro. Ni siquiera habíamos pasado por el vinilo en casa y entramos en la era CD de la mano de canciones como Cherish y Like a Prayer.

En el verano de 1990, todos teníamos un amigo que había ido a Londres. Solo su corte de pelo era más moderno que todo mi fondo de armario. Un día en su casa sacó un vinilo del cajón y empezó a sonar Lost in the Supermaket de The Clash. Más tarde Spanish Bombs y Clampdown. Clampdown, madre mía… Voladura de cabeza y reset total de lo que había escuchado hasta entonces. Tenía 15 años y había perdido 15 años musicales de mi vida. O quizá no. Joder, el London Calling tendría que estar en el maldito Tate Modern.

‘The voices in your head are calling
Stop wasting your time, there’s nothing coming
Only a fool would think someone could save you
The men at the factory are old and cunning
You don’t owe nothing, so boy get runnin’
It’s the best years of your life they want to steal’

Los cachitos de hierro y cromo de Kiko Veneno de su Mercedes blanco de ‘Échate un cantecito’, llegaron de las manos de mi amigo Paco en 1992. Si, el filósofo del que os hablaba ayer. Él solito era la wikipedia musical mundial cuando no existía internet. Era capaz de recomendarme a Veneno, el ‘Ho sento molt’ de Albert Pla en catalán o el álbum White de los Beatles en lo que se tomaba un cortado. Hace mucho que no me recomienda ningún disco. Pero fue el que me sacó del bucle infinito que significó Queen en mi adolescencia. Aunque eso es otro tema…

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