Archivo de la categoría: Cultura deportiva

Encuentra algo nuevo

Ilustraciones: Julian Lemme

Cuando tengas 90 años. Si, cuando no tengas fuerza ni para bajarte los pantalones para mear, ya estará todo escrito. Se acabó. Te mirarás a un espejo y tu cara se llenará de lágrimas pensando en toda esa mierda que no hiciste porque no tuviste valor. O quizá si. Quizá si decidiste hacer todo aquello que pasó por tu cabeza y te rompiste las pelotas intentándolo. Entonces no llorarás. Entonces te mirarás al espejo y sonreirás con más entusiasmo que el jodido Iggy Pop en la portada del Lust for Life. Si o no. La vida es una cuestión de decisiones tío.

Decisiones como aquel día que decidiste cambiar el asfalto por la tierra. ¿No pensarás meter la bici por ese camino no? Eso te dijeron tus colegas. A la semana siguiente, te siguieron un par de ellos. Unas semanas más tarde siempre pasabais por allí manchando el adhesivo de ‘Made in Taiwan’ de vuestros impolutos cuadros de carbono. Quien sabe, quizá fuiste el inventor del gravel y no lo sabes

IMG_1267Decisiones como la de montar neumáticos de 25mm, cuando todo el mundo montaba 23mm a 10psi de presión. Cero confort, cero grip, all speed. Entonces llegó el pelotón con 25mm y tu te pasaste al 28. O cuando dejaste la licra que te hacía parecer una auténtica salchicha bratwurst y te presentaste delante del grupo con pantalones cortos para hacer 200km. Quien sabe, quizá fuiste el inventor del new road y tampoco lo sabes…

Decisiones para que lo que pase por esa cabeza comprimida bajo el casco, no sea más que diversión en estado puro. Por eso, cuando no sabemos como divertirnos más, necesitamos innovar o necesitamos volver a hacer lo que hacíamos hace 20 años. Volver a las raíces en las que conocimos la sensación extrema de felicidad y libertad que nos daba la bici. Dejamos el Garmin en casa, nos compramos una bici de acero hecha a mano, nos ponemos maillots de lana o nos deslizamos y bailamos en calzoncillos por toda la casa cuando estamos solos. Tom Cruise y Risky Business tuvieron la culpa de esto último…

‘Still like that old time rock ‘n’ roll

That kind of music just soothes the soul

I reminisce about the days of old

With that old time rock ‘n’ roll’

Los recuerdos de aquellos días en los que todo empezaba a tener sentido cuando pedaleábamos, son la base de la patada de adrenalina que sentimos cada vez que reventamos nuestros cuádriceps a 600 vatios de potencia, o nos sentimos los líderes de la manada cuando marcamos el ritmo a más de 40 por hora. Solo nos falta aullar… Joder, tenemos en nuestras manos la droga más poderosa del mundo y ni siquiera los gobiernos tratan de controlarlo.

Somos unos cabrones muy afortunados. ¿Lo sabéis verdad? Afortunados lo primero, porque la mayoría de vosotros y vosotras no tenéis 90 años. Yo tampoco. Estamos a tiempo de saber si vamos a elegir llorar o reír delante del último espejo al que tengamos la suerte de mirarnos. Un espejo que será el que juzgue si hemos vivido entre nubes o entre calderas ardiendo, sin lanzarnos al paraíso o al infierno eterno. Gracias a Dios.

Pero mientras llegamos a ese último reflejo final, las opciones son infinitas. Te puedes dedicar a demoler tus propios KOMs, o pasarte a la tierra y el polvo porque estás harto de oler el asfalto caliente, o montarte ese cuadro hecho a mano que devorará tus ahorros familiares… Da igual. Haz todo lo que puedes hacer y sobre todo lo que en teoría no puedes hacer. Decide.

 

El punto es, tienes que encontrar algo nuevo.

Diane: No te vas a hacer más joven, Mark. El mundo está cambiando. La música está cambiando. Incluso las drogas están cambiando. No puedes estar aquí todo el día soñando con la heroína y Ziggy Pop.

Mark ‘Rent-boy Rebnton: Es Iggy Pop.

Diane: Lo que sea. Quiero decir, el tipo esta muerto de todas maneras.

Mark ‘Rent-boy Rebnton: Iggy Pop no está muerto. ¡Estuvo de gira el año pasado! Tommy fue a verlo.

Diane: El punto es, tienes que encontrar algo nuevo.*

 

*Diálogo de la película Trainspotting, 1996.

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Cargado de nostalgia

Ilustraciones: Julian Lemme @jlemme

Suelo pasar los inviernos haciendo planes para el mes de mayo. Si. Os aseguro que la estación blanca en el norte de Noruega es la maldita kriptonita para el ciclista de carretera. Aquí pasamos por 3 meses de congelación y otros 3 de descongelación. Mientras tanto, en el sur de Europa con sus manguitos y sus perneras de turno, se piensan que hace un frío insoportable. Una mierda. Frío es cuando no puedes salir a pedalear porque el asfalto está cubierto por medio metro de nieve. Frío es cuando haces la pretemporada entre el rodillo, el gimnasio y el esquí de fondo. Haz las cuentas si quieres. De diciembre a mayo solo das pedales bajo un maldito techo. En un sótano mugriento entre la lavadora y la barbacoa que nunca usas. Ahí o en un gimnasio impregnado en sudor mientras ves en las pantallas las noticias de la BBC y los programas de baile de los famosos. ¿Mira quien baila? Mira quien pedalea en un rodillo durante 6 meses, diría yo… Millones de pedaladas embotelladas como un aroma de nostalgia. Eso es. Nostalgia. ¿Acaso está mal sentirse nostálgico? No. No para mi al menos. La nostalgia es el combustible de los días de gloria que vendrán. Y siempre vienen, os lo aseguro.

Muchos de los que estáis leyendo esto y vivís en uno de esos países culturalmente avanzados con una economía estable y toda esa mierda, sabéis de lo que hablo. Si, hablo de cielos grises, calles mojadas y caras largas en la cola del autobús. El sur de Europa será un caos de corrupción, paro y contaminación, pero esos cabrones tienen un sol tan radiante que les broncea la piel hasta debajo de los calzoncillos. Quizá por eso el duro invierno nos convierte a algunos en alumnos aventajados. Una especie de outsiders del ciclismo. ¿Vives por encima de la línea horizontal de París? Bienvenido al club. Somos como esos presos que cumplen largas condenas; introvertidos, con pocos amigos, pero llenos de músculos de tanto entrenar. Nuestro rodillo es nuestro patio de la cárcel. “Rebel, Rebel” canta Bowie en los auriculares sudorosos y mal olientes. Y Bowie significa muchos vatios por minuto. Vatios de esos que a algunos les da por acumular en sus caros Garmin como que fueran niños cazando malditos Pokemons…

Y Bowie canta:

You love bands when they’re playing hard
You want more and you want it fast…”

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Y nosotros pedaleamos más fuerte y más rápido. Más fuertes, más rápidos. Porque durante meses vivimos dentro de una playlist interminable que nos domina más que nuestras propias emociones. Y eso es bueno. Que nadie te diga que las emociones están sobrevaloradas. Joder, las emociones son lo único que tenemos…IMG_0548.PNGPedalea. Levántate del sillín. Sin parar hasta que tus piernas digan basta. Sube un puerto de Hors categorie. Bájalo a 100 por hora. Sin frenos de disco. Vuelve a subir el maldito puerto. Más rápido que antes. Llega a la cima. Vomita. Toma una café y un croissant. Habla con la gente del bar. Hazte fotos con ellos. Reíros juntos. Súbelo a Instagram. Queremos verlo. Vuelve a pedalear. Bajo la lluvia. Bajo la tormenta. Cáete. Sangra. Límpiate las heridas y vuelve a pedalear. Discute con un conductor. Quédate sin agua. Sufre. Siéntate debajo de un árbol. Pedalea al atardecer. Rompe la cadena. Repárala y mancha de grasa tus manos. Ensucia tu cinta de manillar de 100€. Enciende la luz. Pedalea de noche. Llega a casa. Dúchate. Cena una pizza. Bebe una cerveza. Siéntate en el sofá. Acaricia a tu perro. Besa a tu mujer. Duerme.

 

 

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El cachas, la culona y el feo

Deportes ilustrados diario. #9. 10 de abril de 2017

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I come, I work hard, I swear, I kick ass, I leave. Jubilados madrugadores con calcetines grises, deportistas profesionales en su primer turno de entreno, insomnes que besan sus bíceps frente al espejo, funcionarios que sudan lo que van a engordar en sus sillas de oficina, macizas con culos donde partir nueces, tipos que solo ejercitan los pectorales, monitores que afilan sus colmillos para seducir jovencitas, luchadores contra el uso generalizado del desodorante, cincuentones más en forma que tú y yo juntos, adolescentes delgados en busca del fin de la burla, pesos pesados que quieren dejar de serlo, atletas a 15 por hora en la cinta de correr, lectores de libros en las bicis estáticas, contorsionistas estirando en posiciones imposibles y tipos como yo que desinfectan sus manos cada 3 ejercicios.

Últimamente me estoy convirtiendo por voluntad propia y por invierno obligado, en una ratita que disfruta entre las paredes sudorosas del gimnasio del pueblo. De esos que tienen máquinas estropeadas, respaldos agrietados y poleas que chirrían cuando pasas de 50kg. Donde venimos los inmigrantes, vamos. Los hay mejores, pero carecen de emociones. El tema es que desde hace unas semanas y gracias a mi amigo Javier, que me ha animado a que lo convierta en una máquina de matar, frecuentamos la sala de pesas casi cada día como el dúo dinámico, a las 7 de la mañana. Calentamos, comentamos las noticias de la BBC, saludamos al resto de ratas mañaneras y nos dejamos las pelotas durante algo más de una hora. Llegamos, trabajamos duro, sudamos, pateamos unos cuantos culos y nos largamos.

El resto del día es miel sobre hojuelas, que coño. Y es que comenzar el día bombeando adrenalina, medio insomne, todavía con dolores de la sesión de ayer, es un acto de auto flagelación y complacencia que me activa para el resto de una jornada que ni siquiera acaba de empezar. Todo muy de anuncio de Nike, diciendo que los que madrugamos somos guays y cuando estamos tomando el café, ya hemos hecho 100 burpees al estilo Nick Tumminello… Hace unos días, leía en el periódico The Wall Street Journal que si no vas al gimnasio no es que seas un vago, es que vives muy lejos. Tomo nota.

El gimnasio es un lugar donde las apariencias te marcan un estatus y ese estatus es observado en silencio por los demás, comentando mentalmente los adjetivos con los que nos dirigimos los unos a los otros sin abrir la boca; el cachas, la culona, el feo, el que huele mal, la gorda, la tetas, el gay, el pesado, la que grita mucho, el zancadas, el Stallone, el etíope, la tímida y el loco. Y entre todos ellos, tú y el espejo donde te miras. En algunos gimnasios noruegos no permiten que los hombres lleven camisetas de tirantes, ni las mujeres top ajustados. Muy al estilo escandinavo y su famosa Ley de Jante, con la que intentan que la humildad y el igualitarismo nos juzgue a todos por el mismo rasero. No quieren vigorexias ni anorexias y en su opinión una estética en el gimnasio ‘más comedida’ nos pone a todos en una escala similar. Puede resultar un poco hipócrita de alguna manera, pero al menos es una forma de intentar respetar al de al lado. Semejante o no, nadie se merece la falta de respeto gratuita y agresiva; te falten músculos, o te sobre cacha.

 

 

 

 

 

 

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