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ADICTOS DEL PEDAL

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Texto: Alberto Álvarez Ilustraciones: David Broadbent

VIVIMOS EN UNA ESPECIE DE ‘FIGHT CLUB’ IMAGINARIO, DONDE TODAS ESAS CARAS QUE VEMOS CADA DÍA ESTÁN LLENAS DE GENTE CON CICATRICES Y SANGRE QUE MUESTRAN LAS HERIDAS INEVITABLES DE SER UN CICLISTA. SI ERES CICLISTA Y TU CUERPO NO TIENE MARCAS QUE LO CERTIFIQUEN, ES QUE NO ESTÁS LUCHANDO LO SUFICIENTE POR SERLO.

Puede que sea ciclista el camarero que te sirve el café con espuma y sacarina, o ese médico que te recomienda bajar el colesterol, o el mecánico que te cambia el aceite del coche. También puede serlo la panadera que te envuelve las barras de pan con tanto cariño, o el conductor de autobús que nunca te sonríe, o el peluquero que siempre te corta demasiado el flequillo. También puede que sea ciclista el director del banco que lleva corbata de 9 a 5. O ese agente de seguros que te llama a todas horas, o el portero que nunca saluda por la mañana o el tipo que cocina las hamburguesas que compras los viernes… Cualquiera y lo digo con insistencia, cualquiera a tu alrededor, puede ser ciclista. No estamos solos colegas.

El escritor italiano Roberto Saviano comienza su libro “Cero, Cero, Cero” de un modo similar y brillante, haciéndonos ver que cualquiera de nuestro entorno puede ser un adicto, en ese caso a las drogas. Esa brutalidad con la que lo narra, hace posibles ‘adictos’ a todo aquel que nos rodea. Sin excepción y sin prejuicios. El libro de Saviano es sin duda el ejemplo perfecto para extender dicha adicción, pero en este caso al ciclismo. Vivimos en una especie de ‘Fight Club’ imaginario, donde todas esas caras que vemos cada día están llenas de gente con cicatrices y sangre que muestran las heridas inevitables de ser un ciclista. Si eres ciclista y tu cuerpo no tiene marcas que lo certifiquen, es que no te estás esforzando lo suficiente por serlo.

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Lucha. Si. El denominador común de todos los que montamos en bici. Adictos al sufrimiento, a la adrenalina y a la sangre. Luchadores depilados vestidos de licra que muestran una suma fragilidad externa para despistar a rivales y semejantes. Nunca unos cuerpos tan livianos fueron tan poderosos en la carretera. Nunca el asfalto sintió tan de cerca el calor de la sangre humana cuando se derrama entre sus fríos poros.

Sangre. Si. El líquido rojo que transporta la energía hasta nuestros músculos. Lo que hierve en los momentos más duros de montaña, lo que mostramos cuando queremos dar cuenta de lo dura que ha sido la batalla. Exhibicionistas por naturaleza que no escondemos la adicción. Queremos que todo el mundo sepa de nuestra condición de jodidos yonquis del pedal.

Pedal. Adictos del pedal. Necesitados de vatios con síndromes de abstinencia en formato crudo. Miedo. Dolor. Pasión. Idas y vueltas del infierno de manera voluntaria y temporal. Energía pura que almacenamos y derrochamos día tras día. Pelea tras pelea. Golpe tras golpe.

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Si alguien te dijo que este deporte era fácil, te engañó. El ciclismo es la maldita industria minera de los deportes. Donde pedaleamos sobre la piedra que nos devuelve cada impulso de forma seca y rotunda. Cierra el puño y golpea el asfalto. Ese dolor es la comida de cada día. ¿Lo quieres verdad? Adicto. Eres un adicto. Como yo. Como el policía que ayer te puso una multa, como el vecino que aparca su coche en doble fila, como el contable de la sexta planta de tu edificio…

Entrada publicada en la revista digital GRAN FONDO 02. Haz clic para descargarla.

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Cortado y hundido

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En el pueblo americano de Bomont hubo un tiempo en el que estaba prohibido bailar. Si, el reverendo Shaw Moore secundado por el Ayuntamiento local decidió prohibir el baile y la música rock, a raíz de que su hijo y cuatro jóvenes más fallecieran en un accidente de tráfico después de haber estado toda la noche meneando las caderas. En un ejercicio de auto fustigamiento, el reverendo animaba a la mojigata sociedad de Bomont para que los jóvenes contuvieran sus movimientos pélvicos y consideraran las cintas de casete como un elemento del diablo*.

La UCI hace unas semanas al estilo reverendo Moore ha decidido prohibir temporalmente** el uso de frenos de disco en carretera, después de un par de incidentes en los que los discos se han convertido en elementos tecnológicos, también del diablo por supuesto. Fran Ventoso del Movistar y Nikolas Maes del Orica han aumentado su número de cicatrices y estas últimas al parecer provienen de las afiladas garras de Shimano y SRAM… Y digo al parecer.

El tema es que después de varios años de tentativas para introducir las enormes ventajas que significan los frenos de disco en carretera y enumero algunas de ellas; llantas más rígidas, fin de problemas con tubulares despegados, ejes pasantes y por supuesto enorme calidad de frenada a altas velocidades, la omnipresente UCI ha reculado a las primeras de cambio por las posibles consecuencias que el uso de los discos pueda ocasionar en caso de caída. Hacer y cambiar las reglas basándose en algo anecdótico no deja de ser paradójico, pero la UCI es tan imprevisible como autoritaria y eso hace que sus decisiones sean salmos bíblicos que marcan la historia de este deporte. Palabra de UCI, capítulo 8, versículo 10.

Desde los inicios del mountain bike, el ciclismo de carretera y el de montaña se han ido repartiendo elementos tecnológicos como en un intercambio de cromos. Ambos han probado tecnologías de los otros y ambos han decidido adoptarlas o no. La evolución de los dos segmentos es evidente, pero del mismo modo que en una caída el disco puede ser dañino como un cuchillo de maestro de sushi, te puedes clavar un plato, meter la mano entre los radios o seccionarte la femoral con la maneta de freno como le pasó al corredor francés Cédric Gracia en la Isla Reunión. Y no, después de lo de Cédric no prohibieron las manetas de freno.

Dios me libre de ser un instigador de los carpaccios de muslo a la Shimano o la SRAM, pero los frenos de disco pueden ser y estoy seguro de que serán una herramienta tan útil en las bicis de carretera como lo son desde que entraron en el mountain bike. El uso de la tecnología a veces tiene sus puntos en contra. Parece que la UCI no se acuerda ahora de todas las clavículas rotas del pelotón por la excesiva dureza de pedales automáticos, o cuantos ciclistas se han roto la cadera porque se les ha despegado el tubular… ¿Y porqué se despega un tubular? Porque el pegamento se derrite cuando la pista de frenado arde como las calderas del infierno bajando a 100 por hora el Col Du Galibier. Pero los tubulares no se prohíben aunque estemos hablando de pegar un neumático a una llanta como que estuviéramos en los años 80 en clase de manualidades… Tampoco prohíben los neumáticos de 23mm o los platos de 53 para rodar en llano a 60km/h. No mata la bala, mata la velocidad de la misma.

La tecnología no es el enemigo como tampoco lo era el baile en la película Footloose. El ciclismo y el mountain bike son deportes con un elevado riesgo de accidentes. Y en esos accidentes, todo lo que está a nuestro alrededor se convierte en un elemento arrojadizo contra nuestro débil y enlicrado cuerpo. Piedras, asfalto, árboles, farolas, bordillos, alcantarillas, papeleras, ramas y últimamente motociclistas de televisión y coches de asistencia… Hace un par de años la corredora holandesa Annefleur Kalvenhaar del equipo Focus XC de mountain bike, falleció en la Copa del Mundo de Cross Country Eliminator en Meribel, Francia, por una caída en uno de los puentes artificiales de madera que decoran los circuitos. Annefleur tenía 20 años. ¿Prohibieron los puentes artificiales? Absolutamente no.

Los que jugamos a este juego del ciclismo, seamos profesionales o no, sabemos las reglas del tablero. Y en esas reglas, el riesgo inherente a la práctica de este deporte es la regla número uno. Tan trágica como inevitable. Tan inevitable, como recurrente. Por mucho que nos duela o por mucho que la UCI prohíba los discos. De un modo u otro seguiremos bailando. Eso seguro.

 

Texto y foto: Alberto Álvarez

*Argumento de la película Footloose de 1984.

**A día de hoy, la UCI ha levantado la suspensión del uso de frenos de disco, para el próximo mes de junio. Se estudian alternativas como discos redondeados en su perfil, o protectores externos.

 

Entrada publicada en la revista digital MAILLOT MAG_01. Haz clic para descargarla.

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Ganar en primavera

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Foto: ANSA/ANGELO CARCONI

EN LOS ÚLTIMOS 3 AÑOS, HA HABIDO SOLO 4 GANADORES DIFERENTES EN TODAS LAS PRUEBAS DE LAS COPAS DEL MUNDO DE CROSS COUNTRY DE MOUNTAIN BIKE. SI, HAS LEÍDO BIEN. ABSALON, SCHURTER, KULHAVY Y MCCONNELL SE HAN REPARTIDO EL PRIMER CAJÓN DEL PODIO EN 2013, 2014 Y 2015

Si quieres ser un buen corredor de montaña tienes que entrenar en carretera. Es un hecho. También es un hecho que yo me enamoré del ciclismo de carretera antes que el de montaña. En los 80 el mountain bike no era más que una foto en las revistas americanas. El resto era ciclismo del de sofá y manta al lado de mi abuelo. Ese mismo abuelo que saltaba con precisión felina cuando Claudio Chiappucci atacaba. Como si quisiera salir a su rueda. Y yo por inercia salía a rueda también. Pero el italiano era muy rápido. Porque en esa época no existía esa mierda de el all mountain o el enduro. Todo era ciclismo. Tanto si tu Bicicross de BH tenía un sillín con respaldo, como si tu bici de carretera tenía un 53 de plato. Bicis que siempre nos llegaban por esa herencia familiar que fue la precursora de la venta de segunda mano. Sin anuncios ni aplicaciones. Porque en cierto modo, si hoy estás leyendo esto, tienes que agradecer como yo que el ciclismo de carretera exista desde hace tantos años.

Y el ciclismo de carretera tiene algo que el mountain bike no tiene: las clásicas de primavera. Si, esas carreras de un día de más de 200 kms que levantan tanto polvo que tienes que pasar el plumero a los muebles después de verlas por la tele. Es lo bueno del ciclismo. Posibles ganadores de Tour, Giro o Vuelta hay 3 cada año en el pelotón. Posibles ganadores de clásicas hay 25. Imaginaros si hicieran lo mismo en el mountain bike. Todos esos corredores top ten que nunca ganarán una Copa del Mundo, (insisto en lo de nunca) llevándose un par de clásicas delante de los morros de los Absalon y Schurter de turno. Pero el clasicismo del ciclismo ha sido heredado por un mountain bike que no sabe salir del formato Copa del Mundo y Mundial. ¿Porque? Pregúntale a la UCI…

Strade Bianche, París-Roubaix, Milán-San Remo, Tour de Flandes, Amstel Gold Race… Nombres propios en catedrales del pave y el esfuerzo, donde ganar una sola de ellas te mete de lleno en el salón de la fama para toda tu vida. Ganar una carrera de tres semanas te sitúa en una posición de privilegio en el pelotón profesional para siempre. Ganar una clásica te mete directo en el álbum de fotos familiar entre la de la boda de tus padres y las vacaciones en Torrevieja. ¿Este quien es, el primo Antonio de Málaga?, no madre, Cancellara, Fabian Cancellara…

En los últimos 3 años, ha habido solo 4 ganadores diferentes en todas las pruebas de las Copas del Mundo de cross country de mountain bike. Si, habéis leído bien. Absalon, Schurter, Kulhavy y McConnell se han repartido el primer cajón del podio en 2013, 2014 y 2015. ¿Qué pasa entonces con nombres como Fontana, Van Houts o Fumic? ¿Te suenan verdad? Esos son los tipos que tendrían las paredes de su casa llenas de trofeos de primavera, si el formato de competición convencional evolucionara a carreras de un día tan importantes como la repetitiva Copa del Mundo. Si, se que muchos me diréis que la actual Copa del Mundo ya tiene un formato de un día y muchos de esos circuitos son ya clásicos. Lo sé, pero hablamos de circuitos en su mayoría artificiales, en los que das dos vueltas y te los terminas conociendo al dedillo. Hacerte 80 km de mountain bike del punto A al punto B, sin saber lo que viene después de cada curva al estilo maratón, haría que ese día de carrera fuera un infierno, tal y como la épica del ciclismo concibe en su definición.

Quizá el problema a día de hoy es el entorno excesivamente controlado de una prueba de la Copa del Mundo. La falta de elementos sorpresa a excepción de las averías de turno o caídas, convierten los circuitos en un sprint continuo en el que los cinco primeros, se van a repartir el podio y las ‘sobras’ del mismo de manera irremediable. El resto compiten a ganar, sabiendo de entrada que no van a ganar. Es decir, una anestesia de motivación que te empuja sin quererlo a un modo ‘ahorro’ a las primeras de cambio. Y ahorrar en una Copa del Mundo de cross country con solo 5 pruebas en todo el año es un drama de competitividad, de triunfo o más bien de falta de oportunidades.

Entrada publicada en la revista digital MTB PRO 39. Haz clic para descargarla.

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