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Cargado de nostalgia

Ilustraciones: Julian Lemme @jlemme

Suelo pasar los inviernos haciendo planes para el mes de mayo. Si. Os aseguro que la estación blanca en el norte de Noruega es la maldita kriptonita para el ciclista de carretera. Aquí pasamos por 3 meses de congelación y otros 3 de descongelación. Mientras tanto, en el sur de Europa con sus manguitos y sus perneras de turno, se piensan que hace un frío insoportable. Una mierda. Frío es cuando no puedes salir a pedalear porque el asfalto está cubierto por medio metro de nieve. Frío es cuando haces la pretemporada entre el rodillo, el gimnasio y el esquí de fondo. Haz las cuentas si quieres. De diciembre a mayo solo das pedales bajo un maldito techo. En un sótano mugriento entre la lavadora y la barbacoa que nunca usas. Ahí o en un gimnasio impregnado en sudor mientras ves en las pantallas las noticias de la BBC y los programas de baile de los famosos. ¿Mira quien baila? Mira quien pedalea en un rodillo durante 6 meses, diría yo… Millones de pedaladas embotelladas como un aroma de nostalgia. Eso es. Nostalgia. ¿Acaso está mal sentirse nostálgico? No. No para mi al menos. La nostalgia es el combustible de los días de gloria que vendrán. Y siempre vienen, os lo aseguro.

Muchos de los que estáis leyendo esto y vivís en uno de esos países culturalmente avanzados con una economía estable y toda esa mierda, sabéis de lo que hablo. Si, hablo de cielos grises, calles mojadas y caras largas en la cola del autobús. El sur de Europa será un caos de corrupción, paro y contaminación, pero esos cabrones tienen un sol tan radiante que les broncea la piel hasta debajo de los calzoncillos. Quizá por eso el duro invierno nos convierte a algunos en alumnos aventajados. Una especie de outsiders del ciclismo. ¿Vives por encima de la línea horizontal de París? Bienvenido al club. Somos como esos presos que cumplen largas condenas; introvertidos, con pocos amigos, pero llenos de músculos de tanto entrenar. Nuestro rodillo es nuestro patio de la cárcel. “Rebel, Rebel” canta Bowie en los auriculares sudorosos y mal olientes. Y Bowie significa muchos vatios por minuto. Vatios de esos que a algunos les da por acumular en sus caros Garmin como que fueran niños cazando malditos Pokemons…

Y Bowie canta:

You love bands when they’re playing hard
You want more and you want it fast…”

IMG_0549.PNG

Y nosotros pedaleamos más fuerte y más rápido. Más fuertes, más rápidos. Porque durante meses vivimos dentro de una playlist interminable que nos domina más que nuestras propias emociones. Y eso es bueno. Que nadie te diga que las emociones están sobrevaloradas. Joder, las emociones son lo único que tenemos…IMG_0548.PNGPedalea. Levántate del sillín. Sin parar hasta que tus piernas digan basta. Sube un puerto de Hors categorie. Bájalo a 100 por hora. Sin frenos de disco. Vuelve a subir el maldito puerto. Más rápido que antes. Llega a la cima. Vomita. Toma una café y un croissant. Habla con la gente del bar. Hazte fotos con ellos. Reíros juntos. Súbelo a Instagram. Queremos verlo. Vuelve a pedalear. Bajo la lluvia. Bajo la tormenta. Cáete. Sangra. Límpiate las heridas y vuelve a pedalear. Discute con un conductor. Quédate sin agua. Sufre. Siéntate debajo de un árbol. Pedalea al atardecer. Rompe la cadena. Repárala y mancha de grasa tus manos. Ensucia tu cinta de manillar de 100€. Enciende la luz. Pedalea de noche. Llega a casa. Dúchate. Cena una pizza. Bebe una cerveza. Siéntate en el sofá. Acaricia a tu perro. Besa a tu mujer. Duerme.

 

 

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