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Pienso, luego vendo

Deportes ilustrados diario. #5. 2 de abril de 2017

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Los padres de millones de adolescentes pueden estar más contentos a partir de hoy. Si. Los futuros novios y maridos de sus hijas que se van a decantar sin ni siquiera saberlo todavía por estudiar Filosofía, pueden terminar en Silicon Valley conduciendo un Tesla y compartiendo almuerzo con la crème de la crème de la tecnología mundial. Olvidaros de las miradas inquisitorias de tu suegro porque has estudiado filosofía y llevas un jersey de pico con una camisa debajo. Las americanas de pana con coderas vuelven a estar de moda. Que no te entre el miedo escénico cuando lees Aristóteles en el metro y se te deslizan las gafas hasta la punta de la nariz. ¿Eres filósofo? Enhorabuena, ya eres un buen partido. 

Según el artículo de Papel, de el periódico El Mundo de hace unos días, empresas como Microsoft, IBM y Google cuentan en su plantilla con filósofos de perfil tecnológico que trabajan para conocer el futuro de las ventas. Es decir, la capacidad de razonamiento que se supone superior en un filósofo, debe de ayudar a saber que es lo que van a querer comprar los usuarios en un futuro.

El tema es que la sociedad tecnológica empieza a darse cuenta de lo importante que es pensar para vender. Si quieres gente feliz que compre tus productos, primero tienes que hacerlos felices y después tienes que entender porque son felices para que todo lo que diseñes acabe llegando a la vez a lo más profundo de su cerebro y de su bolsillo.

Esto tampoco es nuevo. Mi amigo Paco, filósofo, sin gafas de pasta, ni americana de pana, proponía un modelo de negocio de asesoramiento filosófico de empresas hace 15 años. Chúpate esa Silicon Valley. Y no solo con un fin de venta directa sin escrúpulos y basada en la falsa necesidad de un producto, sino por el mero hecho de que las empresas empezaran a tratar sus negocios y sus clientes con un poco de dignidad. Y la filosofía otra cosa no tiene, pero dignidad, mucha.

Y esto me parece espectacular. Integrar por fin profesiones tan denostadas socialmente como la de filósofo, nos deja una pequeña rendija de luz y de integración en el voraz mundo laboral y de la producción en masa. Además, juntar géneros como la ingeniería y la filosofía nos predispone a un debate genial sobre hasta donde la tecnología se está apropiando de nuestras vidas, de nuestras decisiones y de nuestra capacidad para evolucionar.

Pero del mismo modo que me parece espectacular, me parece terrorífico. Si a la capacidad de convicción para la venta de las empresas tecnológicas, le sumas la capacidad de interpretación vital y social que tiene un filósofo, nos podemos dar por jodidos. Creo que temo más a un filósofo que a un psicólogo, porque su percepción de la realidad a la hora de comprar y vender puede ser tan abrumadora como convincente.

Viendo además como consumimos la tecnología y la información en la actualidad, el papel del filósofo cada vez tiene más importancia por el simple hecho de saber analizar como se comportará la sociedad de consumo, cuando el acceso a la información a través de la tecnología, nos convierta en unos pasivos intelectuales totales.

¿Demasiada tecnología atrasa nuestro desarrollo? Pues es muy probable. Solo hay que ver como han cambiado nuestros hábitos de consumo de información y conocimiento en los últimos 10 años. Hemos pasado de las aulas de estudio, las bibliotecas y las enciclopedias por fascículos, a acceder a toda la información disponible en este planeta, a través de un terminal que llevamos en nuestro bolsillo hasta cuando vamos a mear. La información no la asimilamos, sino que la devoramos. Consumida y caducada en minutos, el esfuerzo ya no se valora tanto y si la oportunidad y la capacidad de adaptarte al ritmo del mercado. La tecnología está disponible, el conocimiento está disponible, solo tienes que decidir como quieres aprovecharte de ello.

Y esa voracidad intuyo que se da un poco de bruces con la filosofía de un filósofo. Trabajar en una multinacional que juega a modificar los deseos poblacionales para convertirlos en compradores impulsivos, creo que ataca de pleno a la nobleza y razón de la filosofía. Tecnología y Filosofía.

Filosofía según la RAE: “Conjunto de saberes que busca establecer, de manera racional, los principios más generales que organizan y orientan el conocimiento de la realidad, así como el sentido del obrar humano.” 

Tecnología según Steve Jobs: “La tecnología no es nada. Lo importante es que tengas fe en la gente, que sean básicamente buenas e inteligentes, y si les das herramientas, harán cosas maravillosas con ellas.”

 

 

 

 

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¿Cuánto quieres cobrar?

Deportes ilustrados diario. #3. 29 de marzo de 2017


Siempre he sido muy fan de las entrevistas de trabajo. Lo reconozco. Eso de sentarte durante unos minutos delante del ‘San Pedro de los puestos laborales’ da como un poco de morbo ¿no? Al fin y al cabo ese ente humamo es capaz de usar su mirada infrarroja para escudriñar tus palabras, tus gestos y hasta la camisa de franela que te has puesto hoy. Desde como llevas las uñas de las manos hasta como cruzas las piernas, son indicativos que sumarán puntos o no, en el examen final antes de pasar a ser un asalariado más o un folio arrugado en la papelera. Máquinas de desechar falsos trabajadores que conocen todos los entresijos del lenguaje no verbal. Si, ese que es capaz de saber por el movimiento de tus cejas si estás exagerando tu currículum o tu nivel de Windows.

En las entrevistas de trabajo todo se tiene en cuenta. Como das la mano, como te sientas en la silla, como usas tus brazos cuando hablas, los tics que tienes, donde diriges la mirada cuando respondes una pregunta y suma y sigue. Y como todo es admisible a interpretación, al final lo más fácil es pasar de todo y hacer todo lo contrario a lo que dice el manual del buen entrevistado. No mires a la cara, da la mano muy suave, tocaté la oreja izquierda cada vez que hables, siéntate con las piernas abiertas promocionando el producto nacional, mira el reloj cada 3 minutos, mete un ‘of course‘ en cada frase como que hablarás tanto inglés que te sale solo y miente en el currículum como mentimos en los perfiles del Tinder. Con ganas de conocer gente nueva, apasionado y divertido todos sabemos lo que significa…

Y mucho ojo con las preguntas trampa. Como el psicólogo que te hace el test de Rorschach y te enseña dibujos que parecen mariposas y debes de contestar que son la Sagrada Familia, hay un batería de preguntas de esas de a ‘pillar’ como en los exámenes del instituto. ¿Que opina de sus anteriores jefes?¿Cual es su proyección en 5 años?¿Porque has estado tanto tiempo sin trabajar? ¿Estás en algún otro proceso de selección? Y mi favorita; ¿Cuales son tus expectativas salariales?

Preguntar a un futuro empleado cuanto dinero quiere cobrar, es como preguntarle a un yonqui que cuanta heroína quiere por 30 euros… ¿Como que cuánto quiero cobrar? ¿Se puede elegir? No, no se puede elegir. Pero aunque parezca estúpido, la versión formal de, cuanta vida estás dispuesto a darme a cambio de dinero, capullo, es una de las más complicadas de contestar. ¿Cuánto vale nuestro tiempo? ¿Cuánto vale nuestro ritmo de vida? Si partimos de la base de que los salarios en España para el empleado medio, no hablo de ex-presidentes de bancos ni políticos jubilados, es una absoluta tomadura de pelo, deberíamos de comenzar la negociación diciendo ‘al menos el doble de lo que tenías pensado darme’. Evidentemente, excepto en puestos medios-altos donde hay un margen real para la negociación, en el resto de puestos lo que vas cobrar está señalado en la hoja de ruta del entrevistador y es tan inamovible como el pelazo de Donald Trump. No lo intentes.

Entonces, ¿debemos conformarnos, dar la mano y aceptar las condiciones? Dífil respuesta. Los empresarios no se van a doblegar porque no aceptemos un puesto por las condiciones ecómicas. La famosa frase de ‘como tú hay 200 esperando’ es tan real como lamentable. Según el famoso INE (Instituto Nacional de Estadística) el salario medio en España en los últimos 15 años ha subido en unos impresionantes 232€. Vamos, a unos 15€ al año. Seguimos estando a la cola de Europa en cuanto a salarios y se habla tanto de una nueva crisis en 2017, como otros que dicen que España no va a poder superar la crisis nunca. Malas noticias las de hoy.

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Porque hay que saber de fútbol

Deportes ilustrados diario. #1. 27 de marzo de 2017

Futbol

En la sala de espera del médico, en la puerta del colegio de tus hijos, en la cola de la carnicería, en el taxi con uno del Atleti, en el ascensor con el vecino del quinto, en el bus con el albañil que vuelve del tajo, en El Corte Inglés con el reponedor de fruta, en las cenas de empresa con el de contabilidad, en el parque con el que pasea perros, en el gimnasio con el que lee el Marca en la bici estática. También hablas de fútbol en el metro, en la ferretería cuando pides tornillos rosca chapa, en el bar cada maldita mañana de lunes y por supuesto, en bodas, banquetes y bautizos con tu cuñado. Si, sobre todo hay que saber de fútbol para poder hablar de algo con tu cuñado.

Hubo un tiempo en que no había tantos apelativos generacionales. Eras o niño o joven o viejo. Eran tiempos en los que la ausencia de internet nos hacía listos o tontos tras haber estudiado o no, en bibliotecas, colegios o universidades. Tiempos en los que la capacidad para mover las redes sociales se medía por el número de gente que saludabas en los bares y en el barrio. Nada de likes, google analytics, ni snapchats de mierda. Sin etiquetas, todos estábamos englobados en esos niños, jóvenes o viejos, en los que la clase social, determinaba tu vestimenta y con eso el tipo de amigos, los colegios de pago o no y el nivel de inglés. Pobre, nospeakenglish, rico, yes I do. Eran épocas en las que no había mileuristas, ni hipsters, ni millennials, ni ninis. Épocas en las que solo se hablaba de dos cosas; del coche que tenía tu padre y del equipo de fútbol que eras.

Todo era mucho más fácil, superficial y amable. Solo había que saber de coches y de fútbol. Así de este modo, el macho alfa se convertía en un ser pluricelular que asociaba de manera rápida y ejemplar los pensamientos entre los caballos del motor de un Ford Escort XR3i y la alineación de su equipo el fin de semana. Así, entre cañas y tapas con un palillo en la boca.

En la actualidad es mucho más complicado. Los jóvenes de entre 20 y 35 hablan en un lenguaje que nos llega de refilón a los que rondamos los 40 y que no solo apenas lo entendemos, sino que quedamos caducados en el momento que abrimos la boca para decir; ¿super cool no? Aprendida la lección, con tipos menores de 40 mejor no hablar. Y mejor no hablar de nada si es posible. ¿Y con el resto? Con el resto de fútbol.

Hablar de fútbol con familia, desconocidos y viejos amigos, es el mejor consejo que te puedo dar si te quieres sentir integrado en cualquier tipo de entorno, sin necesidad de leer a Chomsky o tener un perfil actualizado en Linkedin. Eso, que se joda Linkedin

Conozco a un tipo que aún siendo de mi misma generación, se ha sabido adaptar por su profesión a las generaciones a las que dobla en edad. Resulta asombroso como es capaz de combinar los super cool que suelta, con un ‘vaya golazo el de Messi el domingo’ y que todo parezca de lo más natural del mundo. Ha logrado adaptarse a un mismo tiempo a niñatos vestidos de Supreme y a electricistas que se limpian el aceite del bocadillo de atún en la manga del mono azul. Y si, con un palillo en la boca.

Y es que en la adaptación está la clave del éxito. Yo nunca he sabido mucho de fútbol, pero a pesar de ello, no hay día que no repase la actualidad futbolística por un ‘por si acaso’. Resulta más interesante adaptarse a una reunión de amigos hablando de los partidos del fin de semana, que vacilando de que has sido capaz de leerte de un tirón un libro de Jodorowsky. Hoy en día lo cool es no ser cool

Saber de fútbol te convierte de manera inmediata en un ciudadano de primera. Si, no te asustes. El ‘circo del pueblo’ ahora se valora como un plus de sabiduría incluso en círculos periodísticos, de escritores, músicos y artistas. De hecho, esa habilidad para combinar el ‘gafa pastismo’ elevado, con las conversaciones de barra de bar te ayudarán a sentirte más integrado que nunca. En otras palabras, menos letras y más patadas.

Por eso hay que saber de fútbol. Porque donde no llega la sabiduría, ni los estudios, ni tus perfiles de las redes sociales, llega el nexo del deporte de masas que cumpliendo su función social, apacigua, entretiene y da conversación. Habla de fútbol. No tengas miedo. Quítate ese tabú social de la cabeza. Te sentirás más seguro de ti mismo, no tendrás que demostrar tus méritos profesionales ni intelectuales y te adaptarás al 90% de los grupos con los que coincidas. Desde cenas familiares, hasta viajes de empresa, pasando por conversaciones en los asientos del tren. La sociedad y tu cuñado te lo agradecerán.

 

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